Hablar de Carlitos Balá es hablar de un símbolo cultural que atravesó generaciones. Actor, humorista y animador infantil, se convirtió en una presencia constante en los hogares argentinos, con un estilo de entretenimiento sano, ingenuo y profundamente humano. Su objetivo siempre fue el mismo: hacer reír y acompañar.
Carlos Salim Balaá nació en Buenos Aires el 13 de agosto de 1925, en una familia de origen libanés. Desde chico mostró inclinación por el humor y la observación de la vida cotidiana. Antes de dedicarse de lleno al espectáculo trabajó como vendedor y empleado, experiencias que luego marcarían su estilo simple y cercano.
Sus primeros pasos artísticos estuvieron ligados a la radio, donde comenzó a destacarse por su capacidad de crear personajes entrañables y situaciones absurdas. Ese talento lo llevó a la televisión, el medio que lo consagró definitivamente y que lo transformó en un referente del humor infantil.
Durante las décadas del 60, 70 y 80, Balá fue figura central de la pantalla chica. Programas como El circo de Carlitos, El clan de Balá, Sábados de la bondad y El show de Carlitos Balá marcaron a varias generaciones. Allí nacieron frases y gestos que se volvieron parte de la memoria colectiva: “¿Qué gusto tiene la sal?”, “Un kilo y dos pancitos”, “Más rápido que un bombero” y el inolvidable “ea ea pe pé”.
Su humor se basaba en el juego y la ternura, nunca en la burla. Balá entendía como pocos el universo infantil, pero también lograba conectar con los adultos, que encontraban en sus programas un espacio de alegría compartida con los más chicos.
El teatro fue otro de sus grandes escenarios. Con espectáculos infantiles recorrió el país, convirtiendo cada función en un acontecimiento familiar. Padres, hijos y abuelos compartían risas en un clima de respeto y calidez. También participó en cine, con películas orientadas al público familiar que ampliaron aún más su alcance.
En lo personal, Carlitos estuvo casado durante más de seis décadas con Martha Pérez, su compañera de vida. Juntos formaron una familia lejos de los escándalos, lo que reforzó la imagen de hombre bueno y confiable que el público siempre tuvo de él.

A lo largo de su carrera recibió numerosos reconocimientos y homenajes. Aunque nunca se mostró cómodo con los halagos excesivos, siempre se definió como un trabajador del humor, alguien que hacía lo que amaba.
Incluso en sus últimos años, ya alejado de los escenarios, seguía siendo una figura querida y respetada. Cada aparición pública generaba emoción y su nombre despertaba sonrisas automáticas en quienes habían crecido viéndolo.
Carlitos Balá falleció en Buenos Aires el 23 de septiembre de 2022, a los 97 años. Su partida generó una despedida multitudinaria y profundamente emotiva, reflejo del cariño sincero que supo construir a lo largo de toda una vida dedicada a hacer felices a los demás.
Hoy su legado sigue vivo en recuerdos, frases, videos y anécdotas que pasan de generación en generación. Más allá del tiempo y las modas, lo importante es recordar cuánto nos hizo reír, cuánto nos acompañó y la felicidad inmensa que sembró en la infancia de todo un país.
